Artículo · Formación y universidad

LA UNIVERSIDAD EN DISPUTA

UN SENTIDO DE PERTENENCIA A LO PÚBLICO

Arq. Bianca Giagante 17 min de lectura
Taller de la facultad vacío, con filas de mesas de dibujo de madera y banquetas bajo tubos de luz.

“…Y, ¿qué tengo que decirle a la Universidad como artículo primero, como función esencial de su vida en esta Cuba nueva? Le tengo que decir que se pinte de negro, que se pinte de mulato, no sólo entre los alumnos, sino también entre los profesores; que se pinte de obrero y de campesino, que se pinte de pueblo, porque la Universidad no es el patrimonio de nadie y pertenece al pueblo…”1

Ernesto che Guevara

El siguiente texto recopila reflexiones de los últimos tiempos en torno a lo que entendemos es el tema, el problema, la tensión central de la Universidad Pública Argentina: su sentido. No hay recetas cerradas, ni respuestas concretas, pero sí una voluntad imperiosa de poner en agenda lo que es importante.

A tres años del gobierno de “los Milei”, la Universidad Pública Argentina ha pasado por diversos estadíos, pero siempre en el podio de los más atacados. Desde sus inicios, tanto de forma oficial, desde la Casa Rosada, como a través de sus diferentes aparatos mediáticos y de redes sociales, este gobierno a intentado instalar en la sociedad un cúmulo de mentiras y teorías conspiranóicas que pasan desde el adoctrinamiento docente, por la falta de auditorías, y por la invasión a estudiantes migrantes. Esta narrativa insiste en que la Universidad no aporta en nada a la sociedad en la que se inscribe y que a su vez, es un mundillo de intelectuales, wokes, feministas, que nada tienen que ver con el ciudadano promedio al que le habla. El ataque del oficialismo ha tomado diferentes formas, principalmente presupuestarias y mediáticas. Sin embargo, creemos indispensable despejar los factores de la ecuación, comprender el carácter político del conflicto, trabajar en entenderlo y enfrentarlo con las alianzas, herramientas y estratégias necesarias.

Sobre estas discusiones nos interesa profundizar en este material recorriendo el devenir de la identidad de la Universidad Argentina, las tensiones internas respecto de su sentido y algunas reflexiones situadas de la crisis universitaria, desde una mirada crítica, pero propositiva, esperando que esto aporte a problematizar y construir el sentido público.

La Universidad Argentina, una identidad de lucha

En este apartado, partimos de la idea de que ninguna universidad es neutral, ecuánime e imparcial en su enfoque, en su objetivo final, porque en todos los casos son instituciones gestadas a partir de un proceso social, cultural y político que las define. En el caso de nuestra Universidad, la construcción histórica, con sus disputas, contradicciones, avances y retrocesos que la forjan hasta hoy, definieron una identidad de lucha.

Podemos decir entonces, que no es lo mismo la universidad en Chile, en Estados Unidos o en nuestro país, cada una está vinculada al devenir del modelo social y cultural en el que se inscribe. La universidad chilena, por ejemplo, está atravesada por una lógica fuertemente mercantilizada, donde el acceso a los estudios superiores se encuentra condicionado por la capacidad de pago e implica un importante endeudamiento para las familias, al punto de tener que elegir qué hijo estudia y cuál no. Es fácil reconocer las diferencias sobre la gratuidad o los exámenes de ingreso o los cupos, sin embargo no necesariamente son las más importantes para analizar las identidades. Son, en buena medida, la consecuencia de una disputa mucho más profunda sobre el sentido de la universidad.

A lo largo de la historia de nuestra Universidad, vemos como diferentes procesos- que fueron sedimentando su identidad- se vinculan a la disputa por un modelo universitario que garantice una inscripción real- de la casa de estudios- en la sociedad de la que es parte. En ese camino, la primera batalla se libra contra un paradigma elitista, conservador y cerrado, protagonizado por la oligarquía y la Iglesia Católica que promueve la formación de las cúpulas ilustradas. La Reforma Universitaria del 18 significó un primer quiebre con esa idea y una primera problematización de para qué- y para quiénes- construye conocimiento la Universidad pública Argentina.

Durante el siglo XX, su capacidad de organización y producción de pensamiento crítico, la constituyó como un enemigo para las dictaduras; la resistencia al autoritarismo, la represión, las desapariciones y asesinatos; el hacerle frente a la proscripción política y a las distintas formas de disciplinamiento, le asignó a la Universidad un rol central. Durante estos procesos se fortalecieron vínculos definitorios para la cultura política universitaria. La estrecha relación entre movimiento estudiantil y movimiento obrero fue dando cuenta de que no hay forma de pensar una Universidad aislada de las luchas sociales de su tiempo:

En 1966 lxs estudiantes movilizadxs por la brutal Noche de Los bastones largos- en la que la policía irrumpió en la Universidad de Buenos Aires llevó adelante detenciones masivas y luego expulsó a una generación de docentes- comprendieron que sus demandas tendrían cause, sólo, con una alianza multisectorial. En 1969 el Cordobazo fue el hito político que forjará un estudiantado dispuesto a la insurrección callejera, y que consolidará así, sus herramientas de organización al calor de la lucha con la clase obrera. Un mojón importantísimo para la identidad de la Universidad Argentina en su consolidación como institución del conocimiento.

Después de la última- y más sanguinaria-dictadura que sufrió nuestro país, la recuperación democrática en la universidad estuvo signada por una “primavera” institucional. En este proceso se buscaba reconstruir los espacios de participación y su capacidad de discusión política, pero también aparecieron nuevas formas de quitarle agencia, despolitizarla y cercarla de los conflictos de la sociedad.

El siglo XXI viene siendo sin dudas la consolidación de un modelo que encuentra su germen en los años 70, toma fuerza durante los 90 y se profundiza hasta hoy, el neoliberalismo. Su avance sobre la educación superior se materializa en las políticas impulsadas por los organismos internacionales, el Banco Mundial y el FMI, en la transformación del conocimiento en mercancía,en la incorporación de lógicas de mercado como los intentos de arancelamiento y la sanción de la Ley de Educación Superior.

Podríamos decir que en las primeras dos décadas identificamos tres momentos: la crisis del 2001, el período kirchnerista y la era macrista. Si bien durante el período de Nestor y Cristina, con matices, la educación y la ciencias fueron promovidas como política pública y muchos de los “cerebros” fugados volvieron. pero, también es necesario remarcar, que la discusión del modelo universitario que el neoliberalismo venía construyendo, no se puso en cuestión, ya que las estructuras creadas por las reformas menemistas, la ley de educación superior y las instituciones de control como la Coneau, quedaron intactas. Esta etapa significó, por un lado, un importante despertar y activismo político, pero a su vez, una fuerte tensión entre la independencia, la autonomía, el estudiantado y el Estado. Los otros dos momentos, en que los gobiernos ajustaron, endeudaron y reprimieron al pueblo, se caracterizaron por la necesidad de instalar la discusión presupuestaria como eje de todas la problemáticas. Sin embargo, la propia identidad de lucha de la Universidad impidió que quedara sólo en eso, derribando los muros impuestos entre la realidad universitaria y los conflictos sociales. En los 2000, la relación con el movimiento piquetero generó una camada de estudiantes que buscó romper, con organizaciones de base y confluencia callejera, la quietud y el miedo de los ´90. Durante el macrismo, el movimiento feminista- con un fuerte componente juvenil, estudiantil e internacional- con vocación transformadora, volvió a engrosar las acciones y discusiones sobre la universidad como reflejo de la sociedad en la que vivimos y en la que queremos vivir.

Desde el 2019 para esta parte, la crisis de la política empapa la universidad. Con la pandemia y la cuarentena por el Covid 19, el perfil “administrador” y economicista, invade la discusión sobre el devenir de la universidad con una narrativa individualista y meritocrática, como si la educación pública fuese un desafío individual. Este caracter de las discusiones se han asentado y constituyen un triunfo del neoliberalismo sobre los programas de lucha que supo tener la Universidad Argentina.

Desde el 2020 para esta parte, la historia parece tener un quiebre que sin dudas tiene consecuencias directas en los patios y aulas. No son fenómenos exclusivos de la universidad, pero sí atraviesan las dinámicas propias de la política en la actualidad. En este sentido, la lógica de inhabilitar luchas por “hacerle el juego a la derecha”, la institucionalización y burocratización de los movimientos. A pesar de esta caracterización, es necesario destacar que las movilizaciones más masivas y heterogéneas contra el gobierno de los Milei han sido en defensa de la Universidad Pública. Esto nos habla del valor político, cultural e histórico que ha sabido construir para que la sociedad, a pesar de los tiempos de polarización y apatía, ponga el cuerpo por una causa común.

Todos estos procesos no son simplemente una sucesión de acontecimientos. Son parte de la memoria política con la que se fue construyendo la Universidad Pública Argentina. Le dan soporte a las discusiones actuales sobre las que se construye el sentido público de la universidad Argentina. Sobre esta base problematizamos la Universidad Pública, sobre su propia identidad de lucha contra el sometimiento a los grandes poderes dominantes.

El sentido, un enfoque en disputa.

Es importante recuperar los temas de carácter interno de la Universidad, y con ello, las tensiones que se generan entre las diferentes miradas o enfoques .

A modo de caracterización preliminar, cuestionamos la intervención del Estado porque entendemos que a través suyo se realiza una injerencia del mercado en los problemas político-pedagógico en los que se sumerge la Universidad Argentina, lo cual, presupone, la promoción de un enfoque en favor de intereses privados desde adentro de las instituciones. A su vez, abordaremos el rol de la comunidad educativa en contextos de neoliberalización de su práctica política. Vemos necesario hacer la salvedad de que el siguiente análisis tiene su foco en las prácticas hegemónicas de la institución, sin perjuicio de los espacios que hacen esfuerzos individuales y colectivos enormes por generar experiencias, prácticas y relaciones que destruyan los muros entre la Universidad y la sociedad.

Como desarrollamos antes, la Universidad Argentina se forjó en una historia de lucha por su rol en esta sociedad, pero también, sobre la base de múltiples tensiones internas. En este sentido, los años 90 y principios de los 2000 significaron un período bisagra a partir de la sanción de Ley de Educación Superior (LES), con la cual vinieron aparejadas muchas transformaciones que abrieron puertas al neoliberalismo en la Universidad Pública. Esta perspectiva mercantilista transformó derechos en servicios, independencias en obediencias y sumisiones . En este punto interesa detenerse y recuperar la crítica a la Coneau, quien, de forma extorsiva, ha instrumentado la intervención del estado nacional sobre las instituciones universitarias y planes de estudio, todo con el aval de las autoridades universitarias. La CONEAU funciona como una validación de las carreras y a partir de ella es que se le asignan los recursos de financiamiento a las casas de estudio. ¿Qué carrera podría funcionar sin financiamiento? Ninguna. Entonces ¿qué es esto, sino es una extorsiva negociación de carreras por presupuesto? ¿De qué autonomía hablan las autoridades universitarias cada vez que reivindican la Reforma del 18 buscando acreditar sistemáticamente a la CONEAU?

Este proceso viene funcionado de forma solidaria entre el Estado, el mercado y agentes internos que validan y promueven en nombre del desarrollo, la actualización o el progreso. Este enfoque tiene un planteo de forma y fondo. Planes de estudios excluyentes para sectores trabajadores y enemigos de la participación política y social, de los cuales se han eliminado amplias temáticas que, con suerte, se han trasladado a posgrados pagos. A su vez, el perfil profesional se presenta como un tema pero que en términos hegemónicos se plantea, como una salida laboral individual, de ascenso y como un engranaje útil y funcional al sistema económico y social en el que vivimos. Estas dos miradas, son complementarias, dos caras de una misma moneda, que le asignan a la Universidad una función utilitaria al mercado y a lxs futurxs trabajadorxs un carácter de sumisión directa a estas condiciones.

Este sentido de la Universidad- mercantil, meritocrática e individualista- que se promueve desde el interior, no podría tener lugar sin el tercer tema de este apartado: la deriva oficialista que han tomado las representaciones de la comunidad educativa en relación a las autoridades y su proyecto universitario. Sobre todo desde el 2019 para esta parte, la promoción de discusiones, e inclusive de consignas de resistencia que atienden la política desde una perspectiva del “ascenso social”, han dejando de lado el fondo del problema central sobre el sentido público que debería tener la Universidad Argentina.

Estas tres dimensiones del problema han naturalizado un estado de situación en los últimos 20 años y como hemos mencionado, en general, la maquinaria institucional ha podido avanzar con su enfoque. Sin embargo, también hubo focos de lucha, fundamentalmente estudiantiles, como sucedió en nuestra Facultad desde el 2005 en adelante.

La Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU - UNLP) es un ejemplo de este proceso complejo. El Plan de Estudios VI impuesto por el Ministerio de Educación, gracias a la LES y a la acredición por la CONEAU, tiene una lógica expulsiva a partir de la dinámica de cursada, la carga horaria y los requerimientos, que operan de filtro, para pasar de ciclo. Esto impone procesos pedagógicos de tiempos cortos, abruptos, donde la integración de contenidos es inexistente y la construcción de un currículo universitario por fuera del aula es imposible. De forma muy consciente, el Plan de Estudios es la herramienta que le cierra la puerta a la formación de un ser universitario integral, el cual asuma la esencia de la Universidad por fuera de lo que vive en las cuatro paredes de un aula. Esto pone en una crisis profunda a la dinámica universitaria y su vínculos con la sociedad, bloqueando la participación en espacios de extensión, de militancia territorial, de charlas y seminarios que mantengan abierta la fuente reflexiva con la que la Universidad se crea y recrea. Sin esto, la Facultad es una máquina de formar técnicxs, acríticxs y sumisxs, que sólo lo repiten, sólo acatan, hacen lo que se les pide.

Acá llegamos al corazón de la discusión. Este proyecto pedagógico nada tiene que ver con el sentido público de la Universidad. Requiere que quienes pasamos por sus aulas pongamos nuestra creatividad, debates, saberes y técnicas a disposición de los temas y problemas. Sobre todo en contextos como éstos, donde los gobiernos de carácter autoritario y déspota, conducen un modelo en contra de lxs trabajadorxs, combaten frontalmente las conquistas históricas de nuestro pueblo y empeoran drásticamente nuestras condiciones de vida.

Vicente Zito Lema2, en una charla en la Facultad el 11 de septiembre del 2001, nos aportó una clara síntesis del tema. La Universidad no es pública, si bien no te cobran para ingresar, eso no la hace pública, la hace gratuita; si en general no hay examen de ingreso, eso tampoco la hace pública, la hace irrestricta; lo que está en el sentido público de la Universidad es el fin de las formación. Vicente, que era un gran docente, se paró sobre los hombros de toda una generación que construyó la identidad de la lucha de la Universidad Argentina, para establecer la punta más importante de todos los programas políticos dentro y fuera de los campus: ¿por qué peleamos? ¿Qué universidad queremos construir?

El sentido de lo público está en el modelo de formación, en el horizonte de los objetivos y contenidos pedagógicos, en lxs sujetxs de desarrollo en términos de clase. Es la perspectiva crítica y popular de los objetivos de la Universidad, como modelo de desarrollo para el proyecto de país, lo que define la esencia de lo público. Lo importante- y realmente relevante- de este planteo es que constituye un enfoque absolutamente distinto al vigente; se propone disputar de frente a la política del neoliberalismo en las universidades, no la administración de los recursos, ni los cargos, ni los edificios. lo que realmente importa es disputar el sentido público.

La Universidad Pública debe tener siempre presentes- en su formación, en su dinámica cultural, en sus prácticas- su relación con el modelo de país. El sentido de lo público es- también- tener presente su identidad como práctica cotidiana con perspectivas de transformación. Para eso, es necesario comprender que existe una disputa concreta por ese horizonte. No es una pelea entre buenos y malos, entre colores o personas, sino de una clara confrontación de intereses, de las mayorías o de los capitales concentrados.

Desde nuestra mirada, poner esto en el centro de la discusión clarifica que la Universidad Pública debe formar intelectuales que visualicen la necesidad de enfocar sus prácticas en resolver los problemas que tiene la gran masa de nuestra población- en un mundo de extrema desigualdad-, y por otro lado,también, en darle espesor conceptual, rigor técnico, identidad y cultura al modelo de sociedad con el que soñamos vivir. Entonces, ¿puede unx estudiante obviar su responsabilidad de pensar en esto mientras cursa? ¿Es posible que unx docente no considere esta discusión para dar clase? La respuesta es que no. Tajantemente no.

En este contexto, la Universidad Pública se encuentra imbricada en la siguiente tensión general: si es el Estado quien debe resolver las necesidades básicas de nuestra sociedad y garantizar derechos conquistados, lo debe hacer a través de sus instituciones; por lo tanto, es responsable de sostener, perfeccionar y financiar la formación de lxs intelectuales que la Universidad Argentina forma.

Nuestra concepción y los problemas actuales.

Durante estos tres años el Gobierno Nacional ha luchado contra el peso político que tiene la Universidad Pública en nuestro país. Este ataque del Ejecutivo, es sólo la punta de lanza de un programa histórico de la aristocracia nacional: desfinanciar, despolitizar, desmembrar. La Universidad es uno de los ámbitos de resistencia más importantes que tienen estos sectores de poder cuando se trata de derechos y modelos. Por lo tanto, nuestra tarea, igual de histórica, es trabajar esta dimensión política y organizar una amplia resistencia que tenga muy presente que el tema presupuestario es sólo una expresión del problema, y por ende, que esto no va terminar ni con una votación por financiamiento, ni con un aumento de salario.

¿Puede una Universidad funcionar sin presupuestos acorde para su funcionamiento, sin salarios dignos? No, es evidente que no. Lo que no es tan fácil de ver ni de explicar es todo lo otro. ¿Puede una universidad responder a las necesidades de las amplias mayorías de nuestra población con un programa de estudio enfocado en los intereses de las empresas o en un modelo empresarial? ¿Puede contar la sociedad con profesionales críticxs si la universidad forma técnicxs serviles a un sistema que no la considera? ¿Puede unx estudiante transitar el puente entre lo socialmente necesario y su proyecto disciplinar si la cursada no lo promueve? ¿Podemos imaginar y construir la sociedad que queremos y necesitamos?

Es evidente que con sus matices y excepciones, la Universidad Pública, viene consolidando un modelo lejano a las necesidades reales de la sociedad que la defiende y sostiene, inclusive distanciado de lo que su propia comunidad educativa requiere. Pero lo más importante de esta reflexión es entender que esa hegemonía es construída e impuesta por estructuras, en muchos casos internas; por omisiones y silencios, por complicidades y acuerdos; que no es natural ni biologica, sino, como ya expusimos, es una construcción política que debemos comprender y desandar para poder construir las herramientas con las que disputar el sentido público.

Reflexiones finales

Vemos necesario el abordaje de la crisis universitaria en dos grandes frentes: La batalla hacia afuera, contra quienes pretenden hacer desaparecer o demonizar la Universidad Argentina, ya sea el Gobierno Nacional, las complicidades políticas o las estructuras mediáticas; y la disputa hacia dentro, por el sentido público inscripto en un modelo de desarrollo intelectual y profesional popular, crítico y soberano. Esta esquematización sólo nos sirve para entender mejor las dimensiones específicas que tiene cada frente, que sin dudas son inescindibles, pero que nos sirve de forma metodológica para pensar herramientas y prepararnos- como comunidad universitaria- para ser protagonistas de este proceso. será una lucha histórica; no será ni corta, ni fácil de resolver, pero indispensable de dar si queremos construir un sentido público de la Universidad Argentina,

Notas

  1. Discurso al recibir el doctorado honoris causa de la Universidad Central de las Villas (28 de diciembre de 1959) ↩

  2. Vicente Zito Lema, fue un poeta, dramaturgo, periodista, filósofo y docente. ↩

Texto:
Arq. Bianca Giagante
Derechos:
© 2026 OBRA y sus autores/as. Se permite citar mencionando la fuente.

Cómo citar

Giagante, B. (2026). La universidad en disputa. Un sentido de pertenencia a lo público. OBRA. https://www.plataformaobra.com.ar/notas/giagante

Arq. Bianca Giagante

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